Las calles y las plazas también son nuestras. Nosotras lo habitamos, nosotras lo nombramos.

(Paseo – reclama del 6 de marzo de 2022 en Lavapiés, organizado por la Asamblea del 8M de Lavapiés)

Foto de Ela Rabasco

Nos quitan un nombre y ponemos mil. Quieren silenciarnos y alzamos nuestras voces. Nos quieren invisibilizar y tomamos las calles. Nos quieren solas y nos convertimos en tsunami feminista. Niegan las violencias que sufrimos y salimos a denunciarlas. Ya es tarde, ya fue. Ya pasó el tiempo en que no conocíamos nuestra fuerza, en el que pensábamos que estábamos solas, que éramos pocas. Nos hemos encontrado en las plazas, hemos reconocido a nuestras vecinas. Sabemos que no estamos exagerando. Convocamos hoy este paseo por nuestro barrio para recordar, honrar y visibilizar a las que fueron y son ignoradas y ninguneadas. Literalmente borradas de la historia, de los discursos oficiales y de cualquier reconocimiento. Pero nosotras no dejaremos de recordar sus nombres, sus luchas, sus victorias y sus derrotas. Porque ¡porque fueron, somos! Nuestra venganza es ser felices. Recorremos el barrio juntas con alegría, risas, pelucas de colores, música y purpurina, recordando a las nuestras y renombrando calles. Construyendo el barrio feminista que soñamos

Plaza de lavapies —Todas en pie 

 El próximo 8 de marzo volveremos a hacer historia. Nos juntamos para denunciar el cisheteropatriarcado, el racismo sistémico, los desahucios, la pobreza energética, la violencia contra el pueblo. Seguiremos luchando vecina, compañera, compañere… alza tu puño: ¡Todas en pie!

¡Nos quieren sumisas! nos tienen combativas!

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¿Eres un chico o una chica? El uso de marcadores de género en la infancia.

Hace un par de años terminé la carrera de antropología social y cultural en la Uned. Quería realizar el Trabajo de Fin de Grado (tfg) sobre un tema que me interesara ya que iba a tener que dedicarle mucho tiempo de lecturas, trabajo y reflexión. Así que decidí hacerlo sobre cómo se aprenden a leer los cuerpos en la infancia. Es decir, cómo se aprende a clasificar a las personas dentro de la categoría “hombre” o “mujer” y qué pistas o señales se usan para esta clasificación. Estas pistas que nos dicen a qué tipo de categoría pertenecemos es lo que llamo marcadores. Me parecía interesante el tema porque era una oportunidad de resaltar cuánto de social tiene un proceso que se asimila simplemente como natural y al que por lo tanto no se le presta mucha atención. Es decir, el discurso social basa la diferenciación sexual en los genitales, pero estos no están visibles en la interacción social habitualmente. De este modo, para realizar la diferenciación se usan una serie de señales que tienen el significado que culturalmente se les ha asignado (por ejemplo, azul, pelo corto = chico, rosa, pelo largo = chica). En esta semana de cuarentena he decidido rescatar mi trabajo y hacer un resumen por si alguien lo encuentra interesante. Me interesa con esto seguir cuestionando los límites entre el “sexo” y el “género” y al hilo del post anterior reflexionar una vez más sobre “cuánto de cultura hay en la naturaleza”

El trabajo lo hice con las herramientas propias de la antropología social; muchas lecturas, entrevistas, observación participante en un colegio  y con las peques de mi familia.  Esto era un trabajo académico de 70 páginas, he quitado las aportaciones de otras autoras y los debates más sesudos y os he dejado lo que pueda ser más interesante.

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TERCER COVID. SEXTA OLA. EL SISTEMA NOS ESTÁ DEJANDO MORIR

Un relato real y muy personal

Pongo en contexto. No sé qué problema hay con mi salud. El sistema médico, tampoco. 4 años sin respuesta, con dolor crónico, diversos síntomas, mucha medicación. Sí, también tengo cubierta la salud mental, gracias. Que la vida cambie y, de ser una persona activa (manifestaciones, bares, asambleas, etc.) pases a no poder llegar a trabajar, pasear a tu perro y hacer las actividades básicas de supervivencia (cocinar, limpiar, subir escaleras) aún con opiáceos y otros tratamientos para el dolor, hace que ya hayas acudido, en todo este tiempo, a varias terapias.

Pero vamos al COVID, que es lo que está de moda. Puedo comparar por olas. Incluso, por Comunidades Autónomas. Lo he pasado 3 veces. La primera, en marzo de 2019, sin pruebas diagnósticas y con todo lo que tuvimos que vivir: miedo, muertes, aislamiento total. La segunda, unas Navidades, en mi casa familiar, aislamiento en Nochevieja, la única en ser positiva de 5 personas. Tengo puesta toda la pauta de vacunación. Llevo mascarillas aún por la calle. No soy población de riesgo porque no tengo diagnóstico pero sí veo cómo está mi salud: mal y propensa a coger todo lo que pulula en el ambiente.

Spiral staircase of underground crossing in tunnel at Fort Canning Park, Singapore
El accidentado camino de los protocolos COVID en Madrid

El 3 de febrero de 2022 comencé a encontrarme mal. Nadie pensaba que fuera COVID porque “ya lo he pasado muchas veces y estoy vacunada”. Aún así, me hice un test de antígenos porque iba a ver a gente que está inmunodeprimida (y preocupada). De saliva, la raya positiva aparece muy tenue. Voy a confirmar a la farmacia. Una, me dice que es positivo sin dudas; otra, que no, y que espere unos días para repetirlo. Decido que no espero. Me compro un test nasal de antígenos. El positivo es inmediato.

Llamo al COVID-900 de la Comunidad de Madrid. Que me aísle. Que me llamarán. Como sé de amigas a las que no les han llamado, cojo cita COVID por la APP de cita sanitaria. La “especial COVID” para el lunes. Con la médica, para el jueves. Acabo de salir de una baja de 6 meses y quiero que me explique qué pasa con mi estado de salud.

Como no tengo síntomas, decido salir con doble mascarilla a pasear al perro con mucho cuidado. Vivo sola pero aviso a vecinas. Por la noche, comienzo con fiebre alta. Primera vez que me pasa en este “proceso COVID”. Al tomar medicación de manera crónica que contiene paracetamol, llamo al 900 para preguntar qué tomo para bajar la fiebre, si puedo añadir paracetamol, no… Primera sorpresa. El COVID-900 no es atendido por gente sanitaria. Que llame al 112, me dicen. Me da vergüenza colapsar una línea de emergencias pero me confirman que si tengo fiebre “es peligroso”, y que llame. Espero 1-2 horas después de tomar mi medicación habitual a ver si baja la fiebre. No. Llamo al 112. Me hacen las mismas preguntas que en las 2 llamadas al COVID-900. Las contesto como puedo, recordad, tengo fiebre alta, a 2 mujeres distintas. Después de 15 minutos, me atiende un sanitario y me dice qué puedo tomar. La fiebre baja.

El lunes me llama la cita COVID que había cogido yo por la app, recordemos. Estoy en medio de una reunión de trabajo que no he podido aplazar. Los síntomas han aumentado un poco: más ahogo que en otras ocasiones porque el cansancio invalidante sí lo he tenido. En esa llamada, ya no entiendo nada. Y me siento bastante mal tratada. La persona que me atiende me dice que me vaya al centro de salud para repetirme la prueba porque si no, no me da la baja. Estoy 10-15 minutos escuchando a esta misma persona cómo teclea en el ordenador la respuesta a preguntas que ya he contestado en las 2 llamadas al 900 y la llamada al 112 donde me atendieron 3 personas distintas. Cuando le comento síntomas, me para y me dice que la escuche, que me va a leer cuándo tengo que ir al hospital. 3 supuestos. Supuesto 1: si la fiebre es superior a 38 y medio. Supuesto 2: si tengo ahogo o fatiga que me dura estando sentada. Supuesto 3: en caso de pérdida de conocimiento, desmayo, mareo… Cuando me dice esta tercera, decido no contestar y dejar de prestar atención. Siento que mi supervivencia está en juego por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo se le puede derivar a una persona a urgencias “si pierde el conocimiento”? ¿Quién puede dar esta instrucción? Si eres sanitaria, ¿cómo puedes decir esto a una persona que está aislada, sin saber sus capacidades ni situación personal? Decido no confrontar, usar empatía con ella, a saber qué está pasando, qué ha visto, por qué se defiende así. Le comento que estoy en la 2 aunque entiendo que me dirán algo en Centro de Salud al que voy a ir en 30 minutos. Me dice que no, que ahí solo voy a hacerme la prueba. Insisto y le pregunto cómo voy a Urgencias si vivo sola y no tengo coche (aparte del ahogo que me limita la movilidad, claro, pero ya ni insisto). Me contesta que me coja un taxi. Mascarilla, y que llame a un taxi, me dice, literalmente. Sigo sin dar crédito. O sea, ¿tengo que estar en cuarentena sin salir de casa al aire libre pero puedo ir a urgencias en un taxi? Vuelvo a decidir no montar ningún conflicto por teléfono, agradezco su trabajo y me preparo para ir al centro de salud.

El desplazamiento en cuesta consigo hacerlo, a pesar del ahogo. En el Centro de Salud, me organizo yo también. Ya no hay persona en la puerta que toma temperatura y que indica dónde tengo que ir. Leo un cartel que pone en unas mamparas improvisadas “test COVID” y me meto ahí. Estamos 2 personas. Sale un doctor con EPI. La finalidad, me dice, es repetir un test de antígenos para confirmar el positivo. Intuyo que para que no haya “fraudes”. Todas las personas hacemos fraudes, como bien sabemos (léase la ironía). Nos encanta estar enfermas para no ir a trabajar. Nos encanta no ir a trabajar, pero ese es otro debate de fondo… Le pido si me puede auscultar y me dice que no. Tomarme saturación solo. Como está bien, tengo claro que a urgencias en taxi no voy a ir ese día. Le pregunto que por qué se repite el test si antes no se hacía y dice que lo han cambiado hace ni 15 días, que está un poco cansado de que cambien todo tan rápido. Pido confirmación sobrelo de ir a urgencias en taxi. Su respuesta: que si eso es lo que me han dicho, pues que haga eso. Como estoy allí, le pido la baja. Entiendo que si piensan que estoy haciendo fraude, porque el sistema no se fía del autodiagnóstico por el tema absentismo, pues que el mismo “sistema” me cuidará para no perder mi empleo. Me dice que no. Que no me puede dar la baja. Mira el ordenador y me cuenta que me llamarán, no sabe si mañana o en dos días, y que ahí ya me dicen. Me siento muy afortunada porque sé que en otros trabajos este “no presentar la baja” podría acarrearme un despido. También estoy enfadada, cansada, triste y preocupada. Me parece que estas “pruebas” no tienen nada que ver con el estado de mi salud si no con otros trámites que parecen más prioritarios.

Paso la noche como puedo. Tengo ahogo hasta tumbada. Al levantarme en este 4º día desde el autodiagnóstico, organizo para que se lleven al perro, por lo que pueda pasar y porque no le puedo pasear, no llego al portal. Recibo una llamada de quien se presenta como mi “gestora COVID”. Me hace las mismas preguntas que sus compañeras (fecha de autodiagnóstco, positivo, síntomas…). Vuelvo a responder todo, creo que por sexta o séptima vez. Todas sus dudas son las fechas en las que comencé, para tramitar el alta. Decode que el viernes 11 y, como no trabajo los fines de semana, el lunes 14, a trabajar. Hago memoria. El 5, autodiagnóstico; el 7, confirmación. Le hago ver que no es ni una semana. Me dice que como pilla fin de semana, y los fines de semana le he dicho que no trabajo, pues que así. Insisto en que qué pasa si sigo con síntomas. Me contesta que en ese momento, llame. No me indica el número. Vuelvo a comentarle que tengo fatiga. Sigo buscando confirmación sobre el desplazamiento en taxi. Me asegura que sí, que taxi y a urgencias. Le pregunto si se pasa alguien al centro de salud a por la baja y me dice que no, que me la descargue por la “carpeta mi Salud”. Le cuento los problemas informáticos que tuve con esta Carpeta y el sistema de identificación Clave Permanente que me impidió poder hacer el trámite (ya puse una reclamación a informática de la CAM, sin respuesta en 3 meses). Que, entonces, lo que tengo que hacer es el lunes 14, cuando ya termine la cuarentena, ir al centro de salud y recogerla. Colgamos. Sigo agradecida de tener el tipo de trabajo que tengo y que a mi mal estado de salud no se le sume la sombra de un despido.

Continúo fatigada. Sentada, tumbada… Me hago una mochila para irme a urgencias. Creo que no estoy tan grave, pero no lo sé. No soy sanitaria. No puedo evaluar con seguridad mi estado de salud. Ni debo hacerlo, creo yo. Llamo a un taxi. Me da mucha pena el taxista. Siento que me han puesto en una situación donde soy un riesgo para otras personas. Pero yo también me siento en riesgo y no me dan otra posibilidad. Me pongo doble mascarilla y no hablo en todo el viaje, a ver si emito los menores aerosoles posibles para disminuir el contagio en un espacio cerrado.

En Urgencias, a pesar de decir que soy positiva en COVID, me ponen en la sala de espera común. No entiendo nada, pero tendré que confiar. ¿No? Está atestada, así que no puedo guardar mucha distancia de seguridad. Espero como 20 minutos hasta triaje. Les cuento, me toman saturación y me dicen que vaya al pasillo, que vendrán a por mi. Espero como 5 minutos, de pie, y viene un hombre joven, sin EPI ninguno, que me acompaña andando (por pasillos con gente) a una zona de paso. Me dice: “¿Ves esa puerta dónde pone prohibido? Pues tú pasa y espera ahí”. En la nueva sala, hay varios obreros. Nos separa una cortina de plástico. Espero otros 15 minutos. Van pasando distintas profesionales sanitarias a coger cosas. Llega un médico joven. De nuevo, sin EPI ni nada. Le comento brevemente. Me dice que me va a auscultar porque “está demostrado que con la auscultación se ve la gravedad, no hace falta radiografía”. Yo sigo confiando, a ver. Tampoco tengo mucha fuerza para confrontar. Estoy ahogada, cansada, preocupada… Me dice que no escucha nada muy importante, que a casa con aceltisciteina y que puedo tener este ahogo 15 días o un mes.

Vuelvo a cogerme un taxi para volver a mi cuarentena en casa. Sigo intentando no respirar ni hablar para proteger al taxista.

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Normalizando las secuelas

La siguiente llamada es con mi médica de cabecera. Porque yo me cogí esta cita el día de autodiagnóstico, recuerdo, no porque esté dentro de “circuito COVID”. Es el jueves 10 y el viernes 11 ya salgo de aislamiento con alta laboral. Le comento mi preocupación por mi estado de salud, que he cogido el COVID por tercera vez después de una baja de 5 meses por otros síntomas. Me pide que esté tranquila, que es que “hay unos sistemas inmunes y otros”. Que es un virus muy complicado. Me cuenta el caso de otra paciente que tiene y que lo ha cogido 2 veces porque tiene “mucha vida social”. Insisto en que mi vida social es nula (menos ir al trabajo en medio de transporte público) y que llevo mascarilla hasta por la calle. Que esté tranquila, me pide. Y que no me coja “un alta apresurada”. La respuesta sanitaria es tranquilidad y seguir a estudio por los otros síntomas. La tranquilidad ya la mantengo yo, en serio, no me hace falta una cita médica para eso. Prefiero que hablemos de mi mal estado de salud. Pero eso solo lo pongo aquí. Ya no tenemos más tiempo en la llamada y yo no me encuentro fuerte para discutir. Sobre la incorporación al trabajo, entiendo que si no me dice nada de seguir manteniendo la baja, es porque, como sanitaria, comprende que estoy bien para ir a trabajar. Yo tampoco quiero seguir de baja. Necesito hacer vida normal.

Hablo con otras amigas que han pasado COVID en la Navidad. Me comentan que han estado con secuelas (ahogo, cansancio, dolor muscular, problemas gástricos) hasta un mes, que sus médicas les han dicho que es “lo normal”. Así que me arremango, me tranquilizo y entiendo que la respuesta médica es que el COVID da secuelas y que eso es “normal”.

Termino todo este periplo. El día 11 salgo a la calle y el día 14 voy a trabajar. Durante algo más de una semana, cuando hago algún paseo en cuesta o más largo de 15 minutos, tengo que parar y tomar ventolín, un aerosol que tenía en casa del COVID 1 porque cita médica, imposible. A mes y medio que escribo esto conseguí ir al médico. Quedamos en que lo mismo tengo sinusitis (puede que crónica) porque no huelo ni respiro bien. Es un doctor que sustituye a mi médica e intenta meter en las “secuelas COVID” mi pérdida de peso, problemas gástricos y dolores musculares. También me habla de la ansiedad. Le paro, con mucha educación. Llevo desde antes del COVID con estos problemas. No todo va a ser COVID. La ansiedad, ya me la trabajo yo con terapia privada, gracias. Le comento si este es, entonces, el diagnóstico, y me dice que sí. Nueva medicación. A seguir esperando mis citas. Y que mejore.

Muchas gracias por llegar hasta aquí. Preguntas que lanzo
  • El mal trato, no me duele. Demasiado. Una no es de piedra y el trato afecta. Pero ya estoy algo acostumbrada. Deseo que cambie el sistema sanitario pero son años navegando por él. Si tú eres enferma crónica, entiendes de lo que te hablo.
  • Muy preocupada. ¿A cuánta gente estamos dejando morir? Soy una mujer de 38 años, con capacidades y conocimientos tecnológicos. Con red de apoyo. Con dinero. Que domina el idioma. Que sabe adaptarse rápidamente a las situaciones. Acostumbrada a estar enferma y hacer una vida funcional. ¿Qué pasa con las personas mayores? ¿Con quiénes no dominan el idioma? ¿Con quiénes, al enfermar, solo quieren meterse en la cama? ¿Quiénes están tan enfermas que no pueden hacer todo el recorrido que hice yo? ¿Quiénes, además de estar enfermas, tiene que cuidar a otras que dependen de ellas y no tienen a nadie que las ayude? ¿Quién las cuida y sostiene? Me quita mucho el sueño. Me da mucha rabia y tristeza. Sé que solo puedo seguir abriendo los ojos, los brazos, para estar ahí, para darme cuenta y decir: “No estás sola, vecina, conocida. ¿Qué necesitas?” También puedo escribir esto para que tú lo sepas, para que tú también prestes atención. Y que nos resuene esto: estamos dejando morir a gente. Estamos permitiendo un sistema al que le dan igual las vidas de la gente vulnerable.
  • ¿Cómo se puede organizar, después de tantos años, tan mal una crisis sanitaria? ¿Cómo no se puede invertir en esto todos los recursos que tenemos? Gente que gestiona, ¿a qué esperáis? ¿Cómo podéis dormir por las noches? ¿Es porque os vais mucho de bares o tomáis otras sustancias para evadiros? Porque no puedo entender qué tipo de personalidad hay que tener para justificar estos “protocolos”. Solo deciros que, si necesitáis ayuda, pedidla. Gritad. Estamos dispuestas a apoyaros. Se hacen manifestaciones, no solo os aplaudimos. De verdad. Seguro que si contáis lo que veis (este relato es muy pequeño) mucha gente buena, pequeña, en muchos sitios, vamos a estar con vosotras.
  • Y, si eres enferma crónica, si tienes miedo, si te sientes vulnerable, es normal. Tienes razón. Busca quien te cuide y quien te apoye. Está bien no poder sola. Está bien tener miedo y luchar cuando te sientes en riesgo. La “tranquilidad” es genial. Y seguro que llegas a ella. Pero la salud es un derecho. Es deber de nuestro sistema garantizar que sea una garantía. Y, si no es así, estaremos preparadas. La vida estará en el centro, o no estará.

Relatos Cortos

Educada para servir

Imagen encontrada en internet. Gracias por compartir, desconocida.

Desde pequeña le dejaron claro que ella estaba para servir a los demás. Le enseñaron que antes que ella estaban los demás. Todos los días y de a poco esa idea iba entrando en su cabeza, en sus sentires y en sus sueños. El tiempo fue pasando y Laila se casó. Desde ese momento su marido fue el centro de todos los cuidados.

Poco a poco ella se fue disolviendo en las necesidades de él. Con la normalidad que imponen las rutinas diarias, pasó el tiempo. Laila ya no recordaba la última vez que había hecho algo para ella misma, probablemente, porque hacía tanto tiempo que no era posible recordar.

¿Alguna vez se planteó que las cosas podían ser de otra manera?

Después llegaron los niños y a cambio de sonrisas y abrazos sinceros ella entregó toda la libertad que le quedaba. Ya no había marcha atrás, la cadena perpetua que supone la maternidad, ya que es para toda la vida, entrelazó de forma sutil las necesidades de ellos con las suyas. Y cada vez era más invisible. Eso sí, todo en nombre del amor, primero a sus padres, después a su marido y finalmente a los hijos.

¿Alguna vez se planteó que las cosas podían ser de otra manera?

Y de repente los padres ya no están, el marido se divorcia y los hijos crecen. La soledad se convirtió en tristeza. La tristeza en tinieblas. Pensó que ya no servía para nada, porque toda su vida se había basado en servir y ahora no tenía a quien.

Una amiga la animó a ser ella el objeto de sus cuidados. A ella eso le pareció una atrocidad. ¿Como que para ella? Su amiga de una forma paciente le explicó que la sociedad había educado a generaciones de mujeres para servir. Para servir por amor. Pero que jamás les hablaron de autocuidarse.

-¿Pero eso no será feminismo? preguntó Laila

-jajaja eso es sentido común. Como vas a cuidar si tú no te cuidas.- contestó su amiga.

Es cierto.- dijo Laila

Su amiga, sonrió, había aprendido que los feminismos crecen un poco cada vez que una de las mujeres educadas para cuidar, empezaban a cuidar de sí mismas. Ya más tarde, en las clases de zumba a las que se habían apuntado juntas, le hablaría de La Habitación Propia de Virginia Wolf, o de Ángela Davis.

Iba a ser un camino lleno de mujeres maravillosas ayudando a mujeres desde otra época.

Zinemaldía 69 Edición

Un año más disfruto del privilegío de ir al Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Si quieres saber todo lo que pasó, ruedas de prensa (ojo hacen spoilers), alfombra roja, premios, entra en su Web.

Este año quiero tener un reconocimiento con el personal de las salas y el personal del departamento de prensa por el currazo. Estos dos grupos han tenido que lidiar con la peor parte de los seres humanos, nuestra baja tolerancia a la fustración.

Por motivos del Covid, el personal de salas ha tenido que ejercer de «policía del cine» y os prometo que no es una labor amable. Aunque la inmensa mayoría tanto de prensa como del público hemos respetado las normas para que podamos segur teniendo cine (sí, el motivo no es proteger a las que nos cuidan en los hospitales) alguna individualidades han tenido encontronazos con las normas y por ende con las personas que tenían como trabajo hacer que se cumplieran. Por ello os digo, gracias por vuestro mimo, aguante y cuidados. Aunque ya se las dí despues de cada sesión.

En segundo lugar al personal de prensa porque este año, por el COVID también, ha cambiado la manera en la que las acreditadas accedemos a las películas. Como seguro sabeis, los cambios no son bien vistos así de primeras. Que ojo si se piensa un poco estos cambios nos han traído, por ejemplo, no hacer colas para pillar sitio, que es una maravilla cuando vas corriendo de sala a sala. Pero claro los humanos somos más de quejarnos que de pensar. Así que gracias queridas por el curro, por poner vuestras sonrisas para solucionar nuestras dudas, incidencias y torpezas tecnológicas. Yo me cancelé una entrada en vez de confirmarla. En fín…

Y antes de hablar de pelis, decir que este año que no elegía sitio (yo soy de ver las pelis en primera fila, ya que si no me parece que estoy en la tele), he descubierto que no pasa nada por cambiar algunas constumbres. Que si la historia es buena no importa desde donde se vea.

Una de las cosas que más me sorprenden por muchas veces que venga al Festival, es el amor de esta ciudad por el cine. Pero eso es otra entrada

Pero aquí hemos venido hablar de cine ¿no?

Iba a poner las pelis por secciones, pero prefiero ponerlas en el orden que las ví. Me ayuda a recordar porque no soy lo suficientemente metódica para apuntar despues de cada peli. Como sabeis no hago critica, primero porque no sé, eso tambien es una profesión, segundo porque el cine es una cosa difícil de hacer. Así que entiendo que si no me ha llegado la peli, es que no soy su público. Preparados….. Luces….. Acción

Este año las mujeres han protagonizado tanto las historias como el palmarés.

PREMIADAS
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La construcción social del «sexo biológico» una explicación algo cuñada

A raíz de mi post sobre el discurso Terf, alguien me cuestionaba que el sexo “biológico” esté construido socialmente y lo cierto es que es un tema que sigue siendo difícil de entender. Por eso me he decidido a explicar aquí lo que entiendo por  “la construcción social del sexo biológico”. Esto no es un texto académico aunque esté basado en artículos que sí lo son, es mi versión “cuñada”, por decirlo de alguna manera.

El principal problema es que seguimos asumiendo el dualismo cartesiano que nos lleva a entender pares de conceptos interrelacionados de forma opuesta y separada: la mente y el cuerpo, por ejemplo o la naturaleza y la cultura,  pero ya digo que estos elementos no se pueden entender como entes distintos y sin vinculación. Es decir,  en el último ejemplo, percibimos, entendemos, vivimos y transformamos la naturaleza a través de ideas desarrolladas y aprendidas culturalmente en nuestro contexto social. Además, en algunos espacios que entendemos como naturales, la intervención humana es mucho mayor de la que creemos. Si afirmamos, por ejemplo, que la “playa” es una construcción social, no significa que el fenómeno geográfico de la playa haya sido creado por la acción humana. El espacio en el que el mar se junta con una franja de arena o de piedras es un accidente geográfico natural (en la mayoría de los casos), pero su uso para el baño, ciertos deportes, tomar el sol, estar en bikini o bañador y todo lo que se nos viene a la cabeza cuando alguien dice, “estoy en la playa”, es producto de una construcción social que se desarrolla en un momento de la historia y un lugar determinado y que está relacionada con la aparición de las vacaciones y la idea del ocio y no es igual en todo el mundo.  Por no hablar de cómo estos usos provocan la edificación y la explotación y acaban transformando el espacio natural.

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La 68 edición del Zinameladi. El año del corona virus

Desde luego esta es una edición que recordaremos durante mucho tiempo. Para mi desde luego ha sido una edición diferente.

Primero me gustaría felicitar a las personas que han pensado en todos los detalles para hacer un protocolo, que nos ha hecho sentir seguras mientras disfrutábamos del cine. Este año vi menos películas y pasee mas. Como yo voy a trabajar pensé que era mejor estar lo mas recluida en la ofi posible para poder terminar la edición. Menos mal que en mi vida tengo un duende que desobedece e ignora mis devaneos mentales y me mando al cine. No se si porque vi menos pelis, por las circunstancias que emocionalmente estamos sintiendo con la pandemia sin ser conscientes o simplemente porque las películas que vi son maravillosas, este año he disfrutado mucho mas. Empiezo con las fotos de mis paseos. San Sebastián esta muy bella. Aunque la gentrificación empieza a poner en peligro ese bello rincón del mundo.

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REFLEXIONES APRESURADAS DE UN COMUNISTA PERPLEJO


Estamos viviendo tiempos confusos. Muchas personas descubren con sorpresa y también con horror, por qué no decirlo, que el fascismo existe en España y además se está instalando en nuestras instituciones; concejales en los ayuntamientos, consejeros en las autonomías y diputados en nuestro Congreso. Hace bien poco, muchas personas se habrían manifestado orgullosas diciendo que en España no teníamos el mismo problema que en Francia, Italia, etc. Pero no se daban cuenta que los fascistas vivían muy cómodamente en lo que era la casa grande de la derecha, el Partido Popular.


En otros países de nuestro entorno e incluso en el Parlamento Europeo han entendido el problema y han trazado un cinturón sanitario que aísla institucionalmente a los fascistas. Actuaciones que se están normalizando poco a poco en España, en el resto de Europa serían calificadas como delito grave.

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Educación emocional de izquierdas

Este sábado por la mañana andaba yo escuchando a Rocío Jurado, como tantos sábados por la mañana de mi infancia. Me pregunto cuánta gente hemos vuelto a escucharla con todo este tema de Rocío Carrasco. Pero hoy mientas la escuchaba, no sé muy bien por qué, he recordado una conversación que tuve hace un par de semanas con una amiga. Hablábamos de la hija de una conocida escritora de izquierdas que por lo visto iba en las listas de un partido de ultraderecha. Y mi amiga se preguntaba hasta qué punto esto podría ser una forma de rebelarse contra sus padres. En aquella conversación yo le contestaba a mi amiga que hay muchas maneras de rebelarse contra unos padres de izquierdas, que mi padre era comunista de toda la vida y sus hijas e hijo habíamos tirado más hacia una afinidad con el anarquismo, sea esto rebeldía, casualidad o lo que sea. Y que a mí me extrañaba que alguien que había crecido en un ambiente de izquierdas diera semejante bandazo. Seguro que hay montones de casos y montones de motivos, no me quiero meter en la vida de nadie. Pero hoy mientras escuchaba a la Jurado, después de cantarla a voz en grito, pensaba en la educación emocional que supone la música. Que por ejemplo en todo el tema de la construcción del amor romántico es una mierda, porque como es un aprendizaje irracional e inconsciente es muy difícil luego de desaprender. Y no es sólo la música claro, son las películas, los cuentos, las expectativas a tú alrededor, etc.

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Votad malditas! (o no)

Votar con una pinza en la nariz, votar y que te salga un sarpullido después, votar por las 6.195 fallecidas en las residencias gestionadas por Ayuso a quienes se negó la atención sanitaria. Votar por defender la sanidad y todo lo público, Votar con miedo, votar con rabia, votar con ganas, votar con esperanza de que cambien las cosas, votar como una herramienta más, votar contra el fascismo y el neoliberalismo, votar contra el cinismo y la desvergüenza de llamar “mantenidos y subvencionados” a quienes sufren el hambre. Votar contra el «efecto Ayuso». Votar por responsabilidad con las que son peques y las que están por venir. Votar contra todos los negacionismos. Votar a pesar del hastío, votar como primer paso para ir construyendo algo mejor poco a poco. Votar sin creer en la representación, Votar con pragmatismo. Votar porque sabes que hay quien no puede votar, a pesar de sufrir las consecuencias del resultado. No votar, pero concienciar a quien te rodea para que no vote a la derecha. Votar contra su apropiación de la palabra libertad, que es sólo para ellas y que significa libertad de explotar, mientras nos niegan a nosotras los derechos más básicos. Votar contra la corrupción y las cloacas. No votar, pero organizarte en tu barrio. No votar, pero ceder tu voto.

Hay que echarles, gente, nos va la vida en ello.

Alaia

Salud, placer y reproducción

Mamá Linuxera

Mis aventuras con Linux

Onda Hostil

Porque no quiero morir idiota

Lecturas XXI

Solamente un grupo de jóvenes que tienen diferentes prismas para ver la vida. En nuestro blog podrás encontrar artículos y textos actuales de diversas categorías dejando en cada uno de ellos nuestra marca para hacerte sentir y pensar.

Libertate sine regulas

"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

Pensar en el común

Pensamientos compartidos

Paremos la violencia machista y patriarcal ya!

Campaña de acciones concretas. Red de acompañamiento a mujeres amenzadas y agredidas

Playa Medusa

...leyendo y criando en proceso de relenguación de la cuerpa

zapateando.wordpress.com/

Espacio de comunicación autónoma