Crónicas palestinas 9. Campo de refugiadas de Aida. Resistencia y dignidad. Fin del viaje.

Mi último día de viaje lo paso en Belén. G. le está enseñando el museo de «The Wall off Hotel» (2ª crónica) y otras cosas que ya he visto a gente de su trabajo que viene de Madrid. Mientras lo ven, yo aprovecho para ir al mercado a comprar los últimos recuerdos. Disfruto mucho el mercado, la animación, la gente, los olores. Es un mercado lleno de vida donde puedes encontrar de todo, desde calzado a zumos, dulces, ropa, lo que se te ocurra. Los puestos con souvenirs están ya casi al final, cerca de la iglesia de la natividad. No son muchos, pero encuentro lo que busco y agradezco volver a estar en Palestina donde la gente es amable y tiene esa forma de relacionarse a través del comercio muy típica del mundo árabe.

Ahed Tamimi

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Crónicas palestinas 8. Altos del Golán, manzanas, tanques y trincheras.

Me levanto muy pronto porque hay algo que no me cuadra en la información que tengo. Según K, el guía que me espera en los Altos del Golán, y según los tipos del albergue puedo coger el autobús 500, que me lleva a Kyriat Shmona, en la estación de autobús de Acre directamente. Según Google maps, no. El bus 500 pasa cada media hora, el 58 que tengo que coger en Kyriat Shmona pasa a las 10:30 y a las 12:30 y quiero coger el de las 10:30, sobretodo porque si pierdo el de las 12:30 no tengo otra manera de llegar. Este último autobús me lleva a Marjad Shams, un pueblo de los Altos del Golán donde está mi alojamiento y desde donde al día siguiente sale mi tour por la Siria ocupada.

Llego a la estación de Acre sobre las 8, están limpiando con una manguera desplegada por casi toda la estación y que tiene mínimo tres agujeros grandes por donde salen sus respectivos chorros de agua. Aquello parece el Gran Prix, algunos chorros están cerca del suelo y son más fáciles de esquivar, pero justo al lado de la máquina para recargar la tarjeta del bus parece literalmente que está lloviendo. Así que desisto de acercarme a ver si viene el precio del billete y si tengo bastante en la tarjeta de transporte. El no quedarme tirada por no tener suficiente saldo es una de mis principales preocupaciones en este viaje. Busco entre las paradas y en ninguna aparece el 500. Empiezo a temer que efectivamente Google maps tiene razón. Me sorprende la seguridad con la que alguna gente te da información totalmente falsa. Entro a informarme en una tienda de la estación. Le pregunto a la mujer si habla inglés, me dice que no. Aún así saco el móvil para enseñarle el número del autobús que busco. Mientras lo hago me doy cuenta de que aunque ella entienda que busco ese bus, yo no voy a entender la respuesta, pero sigo con la inercia de hacerme entender por algún motivo desconocido. Ella me contesta por gestos que la estación está cerrada hasta las 10. Salgo a la calle igual que estaba, vuelvo a abrir Google y  veo que el autobús que dicen que hay que coger sale de una parada que está a mi lado y se supone que viene en 5 minutos. Espero y viene súper puntual. Es una furgoneta grande, más que otra cosa. El conductor habla algo de inglés, con la simpatía habitual de la zona me dice que sí, que me lleva a la parada donde pasa el 500, que suba. Pienso que mientras espero puedo ver si tengo que recargar la tarjeta, aunque el nombre de la parada, Yasir Junction, suena a “perdida en medio de la nada”. Por el camino se sube un chico pelirrojo que parece que menciona también mi parada, va con seguridad, habla con el conductor supongo que en hebreo, así que me quedo con la copla para ver dónde se baja él, aunque el Google te chiva perfectamente por dónde vas. Cuando nos vamos a bajar, el conductor habla con el chico y después me pregunta a mí que dónde voy. Le contesto pronunciando bien el nombre del sitio y me siento el orgullo de las mochileras.  Me dice que este chico coge el mismo bus y va al mismo sitio, que sí tengo algún problema que le avise. El chico me confirma que sí. Qué majo el conductor. Le doy las gracias sorprendida por este gesto de amabilidad inesperado. La parada efectivamente es una marquesina en medio de la carretera, hay tres boy scouts sentados esperando. Por suerte ninguno lleva metralleta. El 500 parece que se retrasa un poco, me alegro de tener la referencia del chico del autobús, aunque se ha apartado de la parada, no invita mucho a que le pregunte nada. Al final pasa el 500 y nos subimos el chaval, los boy scouts y yo. Bueno, parece que la primera parte del trayecto está superada y sigo teniendo saldo en la tarjeta.

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Crónicas palestinas 7. Acre, fortalezas templarias y arte en la calle.

Me levanto pronto en Tel Aviv y llego a la parada del autobús que me lleva a la estación de tren. Uso google maps para saber qué autobús tengo que coger, pero como me oriento tan mal, no tengo claro estar en el lado correcto de la carretera (un poco la historia de mi vida). Pregunto, pero la gente no conoce la parada a la que voy. Una chica me dice que sí que voy bien, pero yo logro ubicarme y me doy cuenta de que estoy en dirección contraria y cruzo. Menos mal que el autobús se ha retrasado y no ha pasado, porque vete a saber dónde hubiera acabado si cojo el que no es. Mientras espero, un mochilero jovencito viene muy simpático a preguntarme dónde voy, le digo que voy a la parada de tren de la universidad, él va a la universidad. Es de Baltimore, tenemos la típica conversación de viajes de dónde has estado y dónde vas, pero más incómoda, porque yo la mayoría de mi itinerario no se lo quiero contar. Enseguida me doy cuenta de que lo único que quiere es reclutarme para compartir un taxi a la universidad. No lo consigue, no me apetece interactuar mucho con gente pro-israelí. Coge un taxi que pasa y se marcha.

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Cronicas palestinas 6. Tel Aviv, el universo paralelo.

El domingo es el último día de viaje de M. y S. que se vuelven a España al día siguiente. Hacemos un día de turismo un poco más convencional. Vamos al mar muerto pero no nos bañamos porque no encontramos un sitio accesible y cómodo para nuestras diferentes taras físicas al margen de los resorts turísticos israelís. También visitamos el monasterio ortodoxo de San Gerásimo dónde se respira una tranquilidad ni siquiera interrumpida por el relicario con cuatro calaveras que nos miran desde el inframundo. Después de preguntarnos si queremos tomar algo, el hombre que está a cargo de la pequeña cafetería junto al monasterio les dice algo en griego a otros hombres allí sentados y se echan a reír. Sabemos que es a costa nuestra, pero no sabemos de qué se ríen.

 

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Crónicas palestinas 5. Hebrón, la ocupación en su máximo esplendor

El viernes por la mañana nos quedamos en casa porque hay convocado un “rage day” (día de rabia) en Cisjordania como respuesta al cierre de Shuafat y toda la violencia posterior. Se esperan protestas cerca de los Checkpoints. Por si acaso nos tomamos el día con calma, aprovechamos para poner la lavadora y descansar. Por la tarde, cuando parece que es seguro salir, damos una vuelta por Belén y hacemos el segundo intento de bajar a la gruta de la Nativity Chruch (iglesia de la natividad) Aquí se encuentra el punto exacto donde se supone que nació Jesús. Hay un pequeño altar y debajo hay una estrella de 14 puntas que marca el lugar del nacimiento y que obviamente es objeto de veneración dentro del cristianismo. La primera vez que intentamos bajar a la cueva acabamos desistiendo. Coincidimos con un grupo bastante numeroso que parecía proceder de la India. Los delataban sus rasgos físicos, sus ropas y la absoluta falta de consideración por la distancia interpersonal. Hay que bajar por unas escaleras, la puerta es muy estrecha y la gente se arrodilla y reza junto a la estrella, así que se formó bastante tapón. Pasamos varios minutos de agobio, calor asfixiante y empujones de las indias que nos rodeaban y que no se querían alejar de su grupo. Mi objetivo era proteger el brazo en cabestrillo de S. y para ello puse mi cuerpo de parapeto. Incluso tuvimos que llamarles la atención un par de veces y avisarles que tuvieran cuidado que nos iban a tirar y que teníamos a una persona con el brazo roto, pero no sirvió de nada. Solo una mujer pareció reaccionar y dejar de presionar. Así que al final abortamos misión. Decidimos volverlo a intentar otro día a última hora de la tarde.

Así que allí estamos el viernes a última hora, antes de que cierren, y efectivamente está mucho más tranquilo. No hay nada de cola en las escaleras. En la gruta, cuando bajamos, hay un grupo formado casi  enteramente por mujeres que llevan un pañuelo verde en el cuello como los de las peñas en los pueblos. Rezan con fervor y emocionadas un padre nuestro larguísimo en castellano. Aquí en Tierra Santa da un poco la sensación de que el cristianismo es cosas de mujeres. Dejamos pasar a una integrante de este grupo que se acercaba al altar casi a la vez que nosotras y en qué hora. La mujer empieza a sacar cosas de una bolsa de plástico y se está un rato poniendo objetos en el cristal de dentro de la estrella. Saca un niño Jesús, un montón de cruces, rosarios y más rosarios, por fin vuelve a guardar todo en la bolsa y se marcha. S. y yo nos agachamos y tocamos la estrella, pero yo no siento nada especial. La divinidad no se deja notar.


El sábado ya en Hebrón, quedamos con A, nuestro guía hoy, y vamos a una cafetería dónde nos explica la historia de Hebrón. A se fuma un cigarrillo porque allí se puede fumar en todas partes. La particularidad de Hebrón es que alberga la tumba de los patriarcas, donde están enterrados Abraham junto con su mujer, Sara, e Isaac, Rebeca, Jacob y Lea. Esto convierte la ciudad en un sitio especialmente sagrado tanto para población judía como musulmana. Al igual que en Jerusalén, esto no trae más que problemas.

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Crónicas palestinas 4. Gastronomía y el extenso vocabulario del enfrentamiento.

Me levanto el jueves sin saber muy bien qué va a pasar. Ayer quedamos en hacer el tour gastronómico hoy, pero no tenemos claro si va a ser posible. Ya nos advirtió G. que todos los planes podían cambiar en un momento, y de hecho nuestro itinerario ha cambiado en las semanas previas al viaje por el cierre de la ciudad de Nablus por parte de Israel. Finalmente podemos ir a Jerusalén al tour gastronómico. Parece que la cuerda de la cotidianidad se tensa por la violencia, pero no se llega a romper, por ahora. Por el camino, paramos a recoger a R., un compañero de G. que viene a hacer el tour también. Deja su mochila en el maletero y se sube al coche ya con el pasaporte en la mano. En el check point no hay nada de cola. Comentan G. y R., que es muy raro verlo así. Al llegar, un tipo con uniforme verde nos pide hoy sí, todos los pasaportes, los revisa y pide ver el maletero, esto se supone que es lo que tienen qué hacer o al menos, lo que hacen habitualmente. G. se baja y lo abre. El tipo del ejército le pregunta “is there anithing in the bag?” “Yes, clothes”, (¿hay algo en la mochila? sí, ropa) el tono de G. delata la obviedad de la respuesta. Por el camino, nos cuenta R. que hubo tiros en un hotel de Belén. Al parecer, en un evento dentro del hotel pusieron una bandera de Israel y el camarero hizo una foto y la compartió por redes. Según R. acabaron viniendo colonos a disparar a quienes estaban dentro.  

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Crónicas palestinas 3. Jerusalén. Ofrendas, rezos, tumbas y violencia.

Hoy miércoles vamos a conocer Jerusalén, tan sagrada y tan expuesta a la violencia a la vez. Vamos pronto porque queremos ver la Explanada de las mezquitas que tiene un horario de visitas restringido y luego vamos a hacer un tour gastronómico por la ciudad vieja. Toda la semana está organizada por G. en función de los tours que nos tiene preparados e intentando esquivar los días festivos en las diferentes religiones para evitar restricciones de movimiento, aglomeraciones y conflictos varios. Pasar el Check point de salida de Belén no tiene nada que ver con la entrada, como nos dijo G. Hay bastante cola, cuando finalmente llega nuestro turno, un chaval con uniforme se dirige a la ventanilla del copiloto, no sabemos si es porque hay un hombre en ese asiento o por no tomarse la molestia de desplazarse a la del conductor. Hay tres cuerpos de seguridad en los check point. El ejército, la «border pólice” (policía fronteriza) y fuerzas privadas de seguridad. Se supone que es la border police quien se tiene que hacer cargo del control de personas que cruzan, pero los días que yo estoy allí todo el rato lo hace el ejército. Tenemos instrucciones claras de G. de cómo comportarnos en el check point. M. se quita la gorra, nada de gafas de sol, nada de andar con el móvil y nada de movimientos bruscos con las manos y pase lo que pase, sólo habla G. que es además quien enseña todos nuestros pasaportes.  G. explica que somos turistas, ante esto el chaval no mira siquiera nuestros  pasaportes, sólo el de G. Podemos seguir sin problemas. Nada más pasar el check point, hay un cartel rosa con letras blancas con la palabra «bienvenido» en varios idiomas, es del Ministerio de turismo. No quedaría tan cínico si no estuviera justo enfrente de gente armada, con fama de disparar antes de preguntar, que te mira con cara de pocos amigos y te dice si puedes pasar o no. Si a mí me desagrada el cartel, no quiero pensar lo que le parece a la gente palestina que lo ve todos los días al cruzar.

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Crónicas palestinas 2. Al walajah, la vida junto al muro

Empezamos el viaje visitando la aldea de Al walajah, muy cerca de Belén. En esta aldea haremos un tour en el que una de sus habitantes nos va a contar cómo afecta la ocupación israelí a sus vidas.

Llegamos a la aldea siguiendo en nuestro coche a K. una chica alemana que será quien nos haga la traducción del árabe al inglés y que ha quedado con G en un punto de la carretera junto a una rotonda. Empezamos en una carretera pequeña, no parece que estemos en un pueblo, parece que estamos en una carretera a ninguna parte con casas a ambos lado. Supongo que seguimos a K. porque aquí seguramente no habrá ni direcciones y no creo que puedas llegar ni con google maps ni con Waze[i]. Dos personas más van a hacer el tour, otra mujer traduce al alemán a una pareja.

Cartel de aviso junto a la carretera, en los de acceso a la zona A pone que la entrada para la ciudadanía israelí va en contra de la ley.

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Por la soberanía electrónica.

Post escrito para el curso de Nociones Comunes «Tecnologìas para cambiar el mundo»

Primero decir sobre mí que no soy una comunicadora al uso, una vez me dijo una vecina, que soy una compartidora de conocimientos, porque tengo la necesidad de compartir todo lo que me llega y me parece que aporta al discurso. Así que no me voy a enrollar en lo que yo pienso, sino en lo que he descubierto.

Segundo decir, que lo que si soy, es una gran defensora de articular discursos que nos ayuden a soñar otros mundos. Como le escuche a Amaya Pérez Orozco, “como vamos a construir otras realidades si no las soñamos primero”. Y para soñarlas primero tenemos que relatarlas.

En ese construir, os traigo la propuesta de repensar hacia donde va la tecnología que usamos. Para ello os voy a contar los pasos que he ido dando, desde que el 15M me descubrió la autogestión de la tecnología, entre otras muchas cosas. Empecemos.

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Crónicas palestinas. 1. Llegada

Foto hecha según indicaciones de S.

Esta es la primera de una serie de crónicas contando mi experiencia en Palestina. Vamos tres personas desde Madrid a visitar a una amiga que vive allí. Tomamos un vuelo directo a Tel Aviv. El vuelo es un aperitivo de cosas que nos vamos a encontrar todo el viaje. Mientras embarcamos, un tipo israelí se niega a ponerse la mascarilla, que es obligatoria. Las azafatas tienen que insistir a algunas personas para que se la pongan y la lleven bien, son bastante tajantes con ese tema. A este tipo en concreto le tienen que amenazar literalmente con sacarle del avión para que finalmente haga caso, no tiene atuendo de judío ortodoxo, es bastante atlético, nos imaginamos que está en el ejército o algo así, pero puede ser un prejuicio nuestro. Ya en el avión alguna gente me da la sensación de que va por la vida efectivamente como si fueran el pueblo elegido y el resto de normas de convivencia no les afectaran. Normalmente son hombres, judíos ortodoxos, que no esperan jamás una cola o que te pueden meter un mochilazo en la cara según pasan por tu lado en el tren o autobús sin inmutarse (aunque creo que esto del mochilazo o maletazo al pasar es una costumbre israelí generalizada).

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RizomaTIX

Aprendizaje colectivo, inteligencia en red. Narrativa Pedagógica. Biografía Escolar. Muchas ideas ajenas y algunas ideas propias. Remix. Mashup. by Mariana Ferrarelli

Adolfo Piñedo Simal

Para la libertad

Alaia

Salud, placer y reproducción

Mamá Linuxera

Mis aventuras con Linux

Onda Hostil

Porque no quiero morir idiota

Lecturas XXI

Solamente un grupo de jóvenes que tienen diferentes prismas para ver la vida. En nuestro blog podrás encontrar artículos y textos actuales de diversas categorías dejando en cada uno de ellos nuestra marca para hacerte sentir y pensar.

Libertate sine regulas

"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

Pensar en el común

Pensamientos compartidos

Paremos la violencia machista y patriarcal ya!

Campaña de acciones concretas. Red de acompañamiento a mujeres amenzadas y agredidas