Revisión feminista (parte 1)

Soy una víctima del machismo. Es más, me considero una superviviente del mismo. Pero no confundan la intención de mis palabras: no soy especial. No lo pretendo. Sólo soy otra. Otra mujer discriminada, excluida, ninguneada, insultada, desacreditada, invalidada, vejada, humillada, acosada, maltratada, violada o, en una palabra, oprimida por el mero hecho de ser mujer.

Además debo decir que, de entre las víctimas, yo soy una afortunada. No sólo he disfrutado siempre de ciertos privilegios, sino que además mi nombre aparece en la lista de Schindler de quienes nos vamos librando de este holocausto infinito y silencioso (por el momento, toquemos madera); de esta criba lenta, pero minuciosamente ejecutada por hombres “malos” que, en todo momento, son auxiliados y ayudados en todo momento por ciertas mujeres que colaboran activamente con su causa. Ignoro sus motivos. Quizás porque son tan “malas” como ellos. Quizás porque creen que unirse a ellos es la única manera de salvarse, e incluso de medrar dentro de la dictadura del terror patriarcal.

El resto, las que nos negamos a claudicar ante el enemigo, aprendimos a unirnos (yo al menos tuve que aprenderlo) y algunas incluso lo hicieron casi como por instinto.
Sea como fuere, unidas nos hicimos fuertes.

Plantamos cara.
Hasta conseguimos ciertas victorias:

Poder votar a los machos que, más tarde, traicionarían nuestros intereses.
Aprobar bonitas declaraciones de intenciones leyes que se suponía que iban a protegernos pero acabaron siendo simple papel mojado.
Ese tipo de cosas…

Que el alcance seria… limitado… era algo previsible, por otra parte. Con lo que no contábamos, o al menos yo no contaba, es con el caballo de Troya que el patriarcado nos había instalado a todas durante la tortura.

La cara

El feminismo me arropó cuando lloraba. Me hizo sentir que no estaba sola y me tendió la mano para levantarme. El feminismo me dio las claves para comprender lo que me ocurría y cuáles eran los motivos. El feminismo me salvó, en cierto modo, de varios infiernos (tanto impuestos como elegidos voluntariamente). El feminismo le dio a mi vida un sentido de lucha. Esperanzas de un mundo mejor. Desde entonces, siempre he deseado devolver al feminismo aunque fuera sólo una parte de todo lo que yo he recibido.

La cruz

Me consta que es algo que ha sucedido desde siempre a menor escala pero, en los últimos meses, estoy sobrecogida por la eclosión de una inusitada oleada de hostilidad mediante la cual, mujeres que ya habíamos sido víctimas en primer grado del machismo hemos vuelto a serlo… esta vez a manos de otras mujeres… feministas. No voy a enumerar los ejemplos (demasiado numerosos), ni entrar en el jueguecito de publicar las capturas para propiciar nuevos linchamientos (la que se dé por aludida que medite y reflexione si quiere) pero si puedo decir que, algo muy grave falla dentro de este movimiento y su jerarquía de prioridades cuando:

Compañeras feministas hemos sido insultadas, vejadas y acosadas por… atención… no ser veganas (aun teniendo trastornos de conducta alimentaria o impedimentos médicos). Incluso se ha deseado la muerte, violación y enfermedad a compañeras por publicar fotos de su comida incluyendo carne, leche o queso en el menú. No se vosotras, pero yo a eso lo llamo humillación y maltrato. Metodológicamente muy similar al practicado por los antifeministas, además. A algunas sólo os falta incluir amenazas de muerte desde el anonimato con fotos escatológicas.

Compañeras feministas (y nuestras opiniones sobre cualquier tema) hemos sido ninguneadas, desacreditadas e invalidadas por no hacer acopio de todas las opresiones posibles en las Olimpiadas de la Interseccionalidad. Como si eso fuera posible. Como si existiera la feminista perfecta o, peor aún, como si sufrir y/o estar concienciada y comprometida con todas las demás luchas existentes fuera requisito sine qua non para ser una “buena feminista”. La interseccionalidad es muy necesaria, pero creo que algunas no han entendido que, el propósito, no era el de copiar lo que hacen los hombres cuando se miden la polla para ver quién tiene más razón. La idea de sufrir opresiones es liberarse de ellas, no coleccionarlas todas. Los “puntos de opresión” no sirven para lanzarlos en un debate como si de una partida de Magic se tratase, aportando puntos de fuerza o legitimidad a tus argumentos donde la razón no alcanza.

Compañeras abolicionistas hemos sido excluidas del debate sobre qué y cómo se debe hacer con la prostitución y el porno por otras que suscriben y apoyan manifiestos como el de Aprosex (no hace falta más que mirar el título, aunque la cosa mejora a medida que lees). Cuando algunas os auto otorgáis la verdad absoluta y la legitimidad para decidir cosas en nombre de todas las mujeres o de todo un colectivo ¿dónde quedó aquello que le contábamos a los machistas de que el feminismo no es un movimiento dogmático porque carece de posturas “oficiales respecto a ningún tema? Sinceramente, creo que ni siquiera tenéis claro la diferencia entre lo que promovemos nosotras y las prohibicionistas disfrazadas, pero es que aún en ese caso ¿qué os hace pensar que las abolicionistas no ejercemos o hemos ejercido en algún momento? ¿Qué os hace pensar que no nos preocupa el bienestar de las trabajadoras sexuales tanto o más que a las regulacionistas? Hasta la forma en que os auto denominais es tendenciosa. Os hacéis llamar pro-sex, como si las que no estamos de acuerdo con vuestros planteamientos fuéramos anti-sex (unas mojigatas, reprimidas y puritanas que reniegan del sexo, el placer, etc o algo parecido). El mismo juego sucio dialéctico que se traen los mal llamados pro-vida; como si quienes defendemos nuestro derecho fundamental a decidir sobre nuestro propio cuerpo fuéramos unas sanguinarias y despiadadas asesinas (pro-muerte).

El feminismo me arropó cuando lloraba… pero una parte del mismo ahora me da la espalda y me ha hecho sentir más sola y desamparada que nunca. Un sector del feminismo me ha hecho comprender que la sororidad es sólo una utopía y es que, si nos tratamos entre nosotras como solían hacerlo nuestros opresores, las esperanzas de que un mundo mejor sea posible saltan por la ventana. Ya ni siquiera tengo muy claro qué defendemos exactamente o por la liberación de qué o quién exactamente estamos luchando, la verdad. Pero se que así no se hacen las cosas.

Si vuestra “corriente” feminista consiste en secuestrar debates, acosar compañeras y quitarnos el carnet a las “disidentes”… vuestro feminismo no me representa.

Y por tanto me encontrareis enfrente.
(Ya sabéis quienes son los únicos que ganan cuando el rio baja revuelto)

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9 comentarios sobre “Revisión feminista (parte 1)

  1. querida me gusta mucho tu post. Aunque no estemos en las mismas tesis, creo que tu crítica es certera y saludable. Solo hay una cosa que te enmiendo, la sororidad existe. En concreto es la que nos mantiene vivas. Pero como tu muy bien dices, los feminismos no tienen ni deben tener carnet. Pero hay algunas personas que piensan que lo tienen por méritos propios. Pero es algo muy humano. Y muy de este sistema. Siempre tenemos que colonizar a las otras. Y sobre todo, estamos en el “si no estas conmigo, estas contra mi” y eso nos hace intransigentes. Yo que soy una posibilista te digo que te recuperes de la traición que sientes que te han hecho y sigas luchando. Porque los seres humanos estamos lejos del respeto y del apoyo mutuo. Pero llegaremos querida.

    1. No digo que no exista la sororidad, como concepto, sino que se practica demasiado poco entre mujeres en general, y sólo para lo que interesa incluso entre aquellas que estan concienciadas con la lucha.
      Gracias por tus palabras. Es verdad que me siento traicionada, en muchos ambientes me sigo sintiendo bien recibida, pero es que de un tiempo a esta parte vengo tragando más mierda de “compañeras” que de los propios machitos y antifeministas.
      Y es que así no vamos a ninguna parte.

      1. De acuerdo contigo otra vez. Pero creo que damos por supuesto que todas tenemos la sororidad encendida. Y no es así. Todavía muchas ponemos las ideas por delante de las vidas. Como tu comentas con el veganismo. Y es porque solo somos feministas de título y no de practicas. Y yo que ya estoy mayor, solo me creo las etiquetas que corresponden a las practicas. Porque yo puedo decir que soy lo que quiera, pero solo lo que llevo a mis practicas es lo que defiendo. 🙂

  2. El hecho de que el feminismo que lleva la voz cantante sea uno que aplaude una actitud paternalista por parte del Gobierno (te dan a entender que tener vagina es una discapacidad de facto y ese feminismo “oficial” aplaude), que apoya quitar derechos a otras personas por tener un sexo distinto y que cada dos por tres te suelta patochadas como que si tienen descendencia con pene (y ojo, no digo que sea masculina porque luego puede resultar que no) no le daría el pecho porque tiene sus privilegios de macho, amén de otras cosas como excluir del feminismo “oficial” en base a arbitrariedades como la dieta, ha hecho más mal que bien al propio movimiento, a las mujeres y diría que a la humanidad en general.

    Lo siento, pero querer un mundo justo para tus hijas como para tus hijos, que no te consideren menos por tener coño, tanto de palabra como con los actos, querer un cambio real desde la base en lugar de oprimir, también es feminismo.

    1. Ya tardaba en llegar algún ejemplo de pescador que quiere aprovechar el rio revuelto.
      Las políticas de equidad no equivalen a tratar a las mujeres como si fueran discapacitados, sino que se basan en tratar de reducir las desigualdades e injusticias preexistentes. Las leyes hechas para proteger a las víctimas de algún tipo de violencia específica no implican “quitar derechos” a otras personas, aunque el argumentario machista se esfuerce en lo contrario, y lo de las “patochadas” paso de hablar, precisamente porque lo son y no cabe darles la menor importancia.
      Un mundo justo para mis hijEs pasa por un mundo para mis hijAs, que son quienes sufren la discriminación de una sociedad machista.

  3. Excelente artículo. Va muy en consonancia con mi postura general ante lo que se ha visto últimamente en Twitter.

    Realmente no tengo demasiado que añadir, ya que suscribo punto por punto tu opinión. Yo tampoco me siento representada por un feminismo excluyente en el que si no eres PoC, vegana, etc., etc., parece que no puedes opinar sin ser racista, especista, etc., etc. No es ése el feminismo que me hizo abrir los ojos. No es el feminismo con sororidad en el que creo y que intento llevar a cabo.

  4. Compañera, la sororidad, como la hermandad, existe y es una utopía, ambas cosas. Larga sería la lista de quienes conocemos que la practican, claro que tal vez sea más larga la lista de quienes (aún) no, ahi viene la utopía, y con ella el camino y el desafío. El que exista no hace que los golpes no se sientan, pero si hace que las heridas sanen y nos de la fuerza pa seguir. Lo que hay es prueba de que es posible, y no una ilusión, abrazo desde el sur del mundo

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