Cultura de la violación y “linchamientos” en Lavapiés

Recientemente, hemos recibido por wasap y redes sociales una denuncia en la que se acusa al dueño de un bar de drogar a una mujer para violarla (sumisión química) Esta denuncia, que incluye la cara del tipo en cuestión, se ha movido bastante y ha provocado una gran indignación entre un grupo grande de personas. Otra gente,sin embargo, e igual que ocurre cuando se hace pública una denuncia de este tipo, ha preferido cuestionar lo denunciado. A pesar de que las actitudes machistas y babosas de este individuo son de sobra conocidas en el barrio (a raíz de este hecho vamos conociendo más casos de acoso y baboseo en este bar, aunque por desgracia no es el único local en el que se dan estas actitudes) Siempre que se denuncia públicamente algún tipo de agresión machista, sexual o de otro tipo, además de enfrentar la agresión sufrida, nos toca enfrentarnos al cuestionamiento público. Sin excepción, hay siempre alguien (alguienes) que duda de nuestra palabra y también de nuestra respuesta, que “si esta no es la mejor forma de hacerlo”, que “porque no ha denunciado a la policía”, etc. Pese a que diferentes estudios apuntan que sólo entre el 7% y 10% de agresiones sexuales son denunciadas, cuando la denuncia existe se cuestiona si será o no cierto. Estas agresiones son perpetradas en su inmensa mayoría por varones, sin embargo resulta más fácil empatizar con el supuesto agresor que con la superviviente de la agresión. Las agresiones sexuales a mujeres, niñas y niños, son el único delito en el que la principal sospechosa es la denunciante, ¿no os resulta escalofriante? Frivolizar sobre la agresiones sexuales, culpar a la víctima (estaba borracha, es vengaza, está loca) o justificar al agresor (es un linchamiento, pobre chico, es que estaba borracho) es lo que se llama “cultura de la violación” y es precisamente esta cultura la que permite que las agresiones sexuales sean tan comunes y tan poco denunciadas. Es por este motivo, que cuando se produce una  denuncia gracias a la valentía de la superviviente, y probablemente al apoyo de su entorno, lo último que debemos hacer es cuestionar el método de sacarlo a la luz, trabajamos con lo poco que tenemos y llegamos a donde llegamos. Cuando una mujer, con todo este mecanismo en contra, hace pública su agresión, busca justicia pero principalmente busca que no le pase a nadie más. El número de violaciones que suceden y no se denuncian, hacen que lo más seguro ante estos casos sea apoyar a quien denuncia, ya que la probabilidad de que sea mentira realmente es mínima (es la cultura de la violación la que nos hace pensar que puede serlo, no las estadísticas ni la realidad). Hay quien dice que no le gustan los “linchamientos”, a nosotras tampoco, pero desde luego lo que nos preocupa es que ocurra una violación más. Queremos una vida libre de agresiones machistas y estamos trabajando por ello, ¿estás con nosotras? 

Fdo: Vecinas de Lavapiés

 

 

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